El comercio minorista merece más.

Comercio Minorista

«El comercio minorista es el sector más importante en la economía empresarial no financiera de la UE en número de empresas y personas empleadas, que genera el 4,5% del valor añadido de la economía europea y proporciona el 8,6% del empleo en la UE»

Del informe «Un sector minorista europeo adecuado para el siglo XXI». Comisión Europea. Abril de 2018

Y mientras esto es así, la mayoría de los comerciantes de España están a la espera de que les claven el último clavo de su ataúd. La causa no será el Covid-19, las medidas de cierre o distanciamiento social, si no el desinterés histórico que las diferentes administraciones públicas (Estatal, Autonómica, Provincial/Foral y Local) y los agentes sociales (Asociaciones de empresarios, Sindicados y Partidos políticos), han demostrado por el comercio minorista.

Por la excepcionalidad de la situación es inevitable la comparación con la crisis financiera del 2008. Sobre la base, nada dudosa, de riesgo sistémico, se tomaron todas las medias habidas y por haber para que el sector bancario no colapsara. Se movilizó liquidez directa, en euros contantes y sonantes por centenares de miles de millones. En España las ayudas directas superaron los 60.000 millones. Decenas de miles de millones no se van a recuperar.

Sin duda no todas las medidas se tomaron en 6 semanas (las que llevamos de confinamiento), pero se tomaron medidas desde el primer día extendiéndose en diferentes fórmulas durante años.

A otros sectores no les hace falta nada excepcional para recibir ayudas públicas.

El comercio minorista merece mejores gobiernos.

Merecen que quienes nos gobiernan, desde los alcaldes hasta los gobiernos autonómicos y el gobierno de España, trabajen decidida y coordinadamente por su supervivencia.

Hoy, ayudas directas con este fin. Euros, contantes y sonantes, que lleguen a todos y cada uno de los comercios de España. Ayudas que no dependan de analistas de riesgos de entidades financieras y sociedades públicas de garantías. Ayudas que no comprometan el poco o mucho patrimonio personal de los comerciantes. Ayudas, no aplazamientos de pagos.

Mañana más medidas. Aquellas bajo la responsabilidad de los gobiernos autonómicos y de todos y cada uno de los alcaldes de España. Medidas que modifiquen la regulación aplicable al comercio minorista con la que, gobierno tras gobierno, alcalde tras alcalde, por activa o por pasiva, han ido reduciendo, sistemáticamente, la presencia y la productividad del tejido minorista en nuestras ciudades.

Mientras urge la implantación de medidas, la administración local lleva 6 semanas desaparecida y las medidas de apoyo financiero parecen, en la práctica, destinadas a otros sectores, a otro tipo de empresas.

No hay sustituto para el comercio minorista.

Si ha seguido leyendo hasta aquí, probablemente se esté preguntando por qué el comercio minorista merece tener esta especial atención, en este preciso momento. Si no le vale eso de que es el «sector más importante de la economía no financiera de la UE» , le invitamos a leer el apartado 2.1 del Libro Verde del Comercio. «Importancia económica y social de comercio» publicado en 1996 por la entonces «Comisión de las Comunidades Europeas».

El comercio minorista es un factor esencial en la distribución de la riqueza, en la realidad socio económica de nuestras ciudades y pueblos. Todos tenemos en nuestro entorno más próximo, personas que trabajan en o para el comercio minorista. Un familiar, un amigo que tiene o trabaja en una boutique, bar, ferretería, frutería, papelería, zapatería, carnicería, ultramarinos, peluquería, floristería, quiosco. Alguien que trabaja en una de las miles de pymes proveedoras del comercios minorista, empresas de limpieza, informática, transporte, mobiliario, diseño, imprentas, reparaciones, tecnología, reformas, inmobiliarias.

Es un cliente clave para grandes empresas como entidades financieras, compañías de seguros, empresas energéticas, telefonía, marcas comerciales globales. Contribuyente clave en las arcas municipales y recaudador de impuestos (lease el IVA).

No hay sustituto para el comercio minorista. No hay gran empresa, sector o contratación pública, que pueda llegar a tener el impacto socioeconómico que tiene el conjunto del comercio minorista. O por lo menos no lo hay sin riesgo de que esto sea ya café con leche para todos, por siempre.

Claro está que la diversidad y la heterogeneidad del comercio minorista complica la vida a la administración pública, la de los los agentes sociales y la suya propia. Por eso es ahora cuando necesitamos que, quienes nos gobiernan, asuman como objetivo ineludible la supervivencia del sector.

Para ello, definitivamente, tienen que trabajar más.

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