El comercio de nuestras vidas

comerciantes

Cuando terminamos los artículos relativos a los comerciantes independientes y los ODS, pensamos que habíamos conseguido expresar las principales razones que nos pueden motivar, como consumidores, a dar preferencia en nuestro comportamiento comercial al comercio independiente.

Sin embargo creemos que nos queda una. La afectiva. Esta solo la podemos describir desde un punto de vista personal. Por eso, en este caso, dejamos de lado los datos, las estadísticas y los informes. Nos abandonarnos en la experiencia personal. En este caso la mía, Fernando Barrenechea.

Reflexionando sobre este articulo, puedo asociar todas las etapas de mi vida, a los comerciantes donde las he vivido. Recuerdo de mi niñez en Campo Volantín ir a “1X2”, la degustación, a sellar la quiniela. Los cucuruchos de rabas y magurios del “Salcedo”. Ir a comprar el periódico a “las Martinas” y los cuadernos al estanco / papelería “Tívoli”. Las horas jugando a los “Space Invaders” en el “Hotel Conde Duque”, donde además, los pequeños, nos ganamos unos durillos, yendo a comprar Winston “americano” para nuestros hermanos mayores. Recuerdo mi primera foto de carne en “Foto Valt” y a Felipe, el zapatero.

Era “el hijo de Elisa”, el hermano de Marina, de Jose Miguel (y así hasta 9 más). Uno de los gemelos. De irte sin pagar y apuntarlo “a la cuenta” (pobres nuestros padres, las “cuentas” qué les venían después).

Con los años fui director de la sucursal del Banco Guipuzcoano en la calle Tívoli, en el barrio en el que crecí. Tuve la oportunidad de conocer a muchos de estos y otros comerciantes profesionalmente. Pude apreciar bien el esfuerzo que es mantener un comercio abierto. Las horas que hay que “meter”, de cómo no hay sábados libres, ni vacaciones pagadas. La cantidad de fotos que hay que hacer, de periódicos, cuadernos, bollos, barras de pan que hay que vender, para sacar adelante un comercio. Y todo ello sin “inversores” ni “fondos”, sin levantar más “ronda de financiación” que la que sus bienes personales les permiten.

A lo largo de mi vida he conocido a otros muchos comerciantes, personal y profesionalmente. Ahora ya soy Fernando. Creo sinceramente que ser “tendero”, es una de las profesiones más sacrificadas y qué mayor valor aporta a nuestra sociedad. También de las menos reconocidas.

Estoy profundamente orgulloso del trabajo de Lidia, de sus abuelos Fidel y Lidia, de mi hermana, de mi cuñada, de mi sobrina, de mis amigos Eduardo, Ainhoa, Nuria, Ricardo, Jabi, Eugenia, Juanma

Hoy en día, si sigo comprando el periódico, es por qué Ana, la dueña del quiosco de la Plaza del Ensanche de Bilbao y sus hijas, Ana y Julia, me hablan con extraordinario cariño de mi padre y me dicen lo mucho que me parezco a mis guapos hermanos.

Por mi trabajo conozco bien el esfuerzo que están realizando muchos por adaptarse a los hábitos digitales de sus clientes. Con los recursos disponibles, como Whatsapp o Bizum, aceptando pagos con tarjeta por cualquier importe, sistemas Click&Collect o cartas digitales. Esforzándose en mejorar su visibilidad en redes sociales. 

Para mí son son razones suficientes para dar preferencia al comercio independiente en mis compras. ¿Cuales son las tuyas? 

Imagen de Finmiki en Pixabay 

2 Comments

  1. Jose Icaza

    Otro valor del comercio independiente es el mantenimiento del empleo. El dueño, la familia, los empleados casi familia, siempre son los mismos. Por eso saben tu nombre y tu el de ellos. Eso es diferencial.

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